
Aurélie Boisseau es la bisnieta de Raphaël Gicquel, un miembro de la resistencia francesa. Cuando la Gestapo encontró las armas que había escondido en su granja, fue arrestado y deportado al campo de concentración de Neuengamme. Murió en el Cap Arcona el 3 de mayo de 1945.
¿Cómo te enteraste de la historia de tu bisabuelo?
Cuando tenía 8 años, en el colegio me enseñaron sobre el Holocausto y las cámaras de gas, me quedé horrorizada y se lo conté a mi padre. Él me contó la historia de su abuelo Raphaël. Había visto su retrato en las casas de mi bisabuela y de mi abuela, que era su hija mayor, pero ellas no hablaban mucho de él. Como crecí cerca de su granja, conocía los lugares donde vivió y participó en la resistencia. Su historia me resultaba físicamente cercana y quería saber más sobre el pasado.
¿Qué influencia tiene tu historia familiar en la persona que eres hoy?
Me siento cercana a cualquier grupo perseguido. No soporto la injusticia y el racismo, y probablemente sea mi historia familiar la que me hace más sensible a la historia, la política y las guerras. Estudié historia, me convertí en profesora de historia y me uní a una asociación que lucha por los derechos humanos.
¿Qué elementos de la historia y los valores de tu familia transmitirás a las siguientes generaciones?
Quiero explicarles algún día a mis hijos la resistencia y los campos nazis, y defender valores como la libertad, la tolerancia, la igualdad y la solidaridad. La resistencia significa informarse, alzar la voz y hacer todo lo posible para luchar contra la persecución y la exclusión. Hay que conocer la historia para ser consciente de la amenaza que suponen los nacionalistas de extrema derecha, cuyo objetivo es reescribir la historia y hacerse con el poder. Por eso es indispensable el trabajo de los historiadores y las asociaciones conmemorativas.
¿Cómo llegaste a involucrarte en la Amicale francesa? ¿Qué significa para ti tu compromiso?
En 2013 visité el memorial de Auschwitz-Birkenau con mis alumnos y después quería visitar Neuengamme por primera vez, pero quería ir con la Amicale francesa, como había hecho mi abuela en 1995. Tras este emotivo e interesante viaje, me uní a la Amicale francesa, porque había aprendido mucho en esos pocos días. Tuve la oportunidad de conocer a supervivientes y familiares de antiguos prisioneros, pero también a alemanes que trabajan en el ámbito de la cultura del recuerdo. Aprendí cómo buscar información sobre mi bisabuelo y el campo de concentración de Neuengamme. Hay que conocer las historias de otras familias para saber más sobre la historia de la propia familia. En la Amicale, todos son tratados como familia, independientemente de su edad, profesión y lugar de residencia, porque comparten los mismos valores humanistas. Se pueden llevar a cabo proyectos conjuntos para transmitir el conocimiento sobre el pasado y promover la tolerancia. Sin embargo, desde que nacieron mis hijos, tengo menos tiempo para la asociación.

